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Nuestros comienzos

 

No hay nada más poderoso que la idea cuyo tiempo ha llegado.

 

VICTOR HUGO

Hablemos de Suicidio ONG es una asociación muy joven, pero la idea que le dio origen tuvo un largo proceso de maduración que intentaré resumir aquí:

Mi nombre es Alberto Fernández Mateos. El suicidio, el pensamiento suicida o la prevención del suicidio no eran temas de interés para mi, a pesar de que mi madre me hablaba a diario de sus pensamientos suicidas desde que era muy chico. Uno se acostumbra a casi todo, naturaliza casi todo. Los pensamientos y el discurso suicida de mi madre no impidieron que creciera, estudiara en la universidad, desarrollara una carrera profesional y formara una familia. Todo cambió cuando en 1990 mi madre murió a causa de suicidio. Aunque tampoco entonces reaccioné. Tenía mi cabeza llena de preguntas pero las demandas del trabajo y la familia adormecieron mi dolor. Estaba desarrollando un proyecto profesional, criando una hija y llevando adelante un matrimonio. Confié en que el paso del tiempo volvería todo a la normalidad. Pero no fue así.

En el año 2002 comencé un largo proceso depresivo con pensamientos suicidas. Me sentía culpable por la muerte de mi madre, pensaba que no supe ayudarla, que no estuve a su lado cuando más me necesitó. Comencé a sentirme un ser despreciable. En la desesperación llamé a una línea que brinda asistencia a personas con pensamientos suicidas, luego comencé a hacer terapia y a recibir tratamiento psiquiátrico. Los profesionales me ayudaron a seguir adelante pero en el año 2006 mi esposa me pidió el divorcio (supongo que era muy difícil vivir conmigo) y entonces volví a tener pensamientos suicidas. Era mi forma aprendida de reaccionar ante cualquier contrariedad.

Ese mismo año comencé a participar de un taller barrial sobre pensamiento suicida y de un taller de duelo por suicidio (ninguno de ellos se dicta en la actualidad). Fue en ese momento cuando descubrí la efectividad de la dinámica grupal para curar estas heridas. En el grupo se comparten las experiencias de otras personas que pasaron por situaciones similares. Uno no se siente como un “bicho raro”. La contención y el acompañamiento de los demás participantes abre espacios para la reflexión que permiten sanar las heridas, perdonar a otros y, fundamentalmente, perdonarse uno mismo.

Para el año 2013, 23 años después de la muerte de mi madre a causa de suicidio, ya me sentía completamente recuperado y entendí que debía ayudar a otros como una forma de agradecer toda la ayuda que yo había recibido. Me anoté como aspirante a asistente telefónico voluntario en la misma asociación en la que pedí ayuda once años atrás. En el curso del entrenamiento descubrí el poder de la escucha activa. Tuve la oportunidad de entrenar y verificar la eficiencia de las habilidades de escucha durante los siete años en los que trabajé como asistente telefónico voluntario para personas con pensamientos suicidas. En esa misma asociación también fui entrenador, Secretario de la Comisión Directiva, redactor y editor de la página web, community manager y realicé muchas otras tareas que me encomendaron, pero nunca dejé de cumplir con lo que consideraba mi principal función: brindar asistencia a las personas que sufren por sus pensamientos suicidas, están preocupadas por los pensamientos suicidas de un familiar o transitan el duelo por la muerte de un ser querido a causa de suicidio. En cada llamado sentía que al otro lado de la línea estaba mi madre. Siempre puse mi mayor empeño para escuchar, contener y acompañar en el dolor. De algún modo, pude reparar el hecho de no haberla sabido ayudar a ella.

Todas las organizaciones tienen una cultura institucional que les da su identidad. Yo compartía casi todos los valores que representaba la asociación donde servía como voluntario. Sin embargo también extrañaba esa libertad con la que podíamos hablar de lo que nos pasaba y lo que sentíamos en los talleres en los que participé. La asistencia telefónica a personas en crisis es muy dura para los operadores voluntarios en ese aspecto. De ellos se espera que brinden contención a los consultantes pero, puertas adentro, es muy distinto. Nadie quiere que se ponga en duda su capacidad para asistir a otros por lo que, aunque resulte paradójico, el tabú que pesa sobre el tema del suicidio y los padecimientos emocionales también se impone en muchas asociaciones para la prevención del suicidio. Como Secretario de Comisión Directiva traté de impulsar espacios grupales donde las personas afectadas por el drama del suicidio pudieran expresarse sin temor a ser juzgadas, pero mi propuesta no prosperó. En instituciones con mucha tradición es muy difícil vencer la inercia cultural.

Así fue como en el año 2021 dejé esa institución y llevé mis ideas, mi experiencia en asistencia a personas en crisis y mis conocimientos sobre difusión en la web a una institución mucho más joven que se dedica a la formación comunitaria sobre prevención del suicidio. Tampoco en esa institución se animaron a abrir estos espacios de escucha, contención y acompañamiento, pero allí ocurrieron dos acontecimientos que me sirvieron de orientación.

 

El primero fue una reunión de Alcohólicos Anónimos a la que fui invitado como disertante en representación de mi asociación. Conocía Alcohólicos Anónimos por referencias pero nunca había participado en una de sus reuniones. Quedé impactado por el aire de confraternidad, respeto y empatía que se respiraba. Pensé que eso era lo que quería lograr para las personas afectadas por el drama del suicidio, pero aún no me animaba a hacerlo por mi cuenta por lo que seguí intentando convencer a la Comisión Directiva para que impulse mi proyecto. El otro acontecimiento determinante fue una charla que brindó Jess Brown, una mujer que sufrió la muerte de su hijo a causa de suicidio y usó las redes sociales como una forma de transitar su duelo. Casi sin darse cuenta reunió una comunidad de personas dolidas por la muerte de seres queridos a causa de suicidio, fundó la asociación Empesares y ahora organiza grupos para brindar asistencia profesional a personas afectadas por el drama del suicidio. Los grupos profesionales no eran lo que yo tenía en mente pero pensé: si ella pudo armar su asociación sin otro recurso que su propio dolor, por qué yo no puedo hacerlo.

Entonces me puse en contacto con ex compañeros en la tarea de asistencia telefónica que también se habían alejado de la institución y les propuse formar un grupo piloto. Así llegamos a mayo de 2022. En el grupo piloto ensayamos la escucha activa en una forma diferente, permitiéndonos hablar libremente de lo que nos pasa y lo que sentimos. Ese fue nuestro primer grupo de ayuda mutua. Aunque habíamos sido compañeros durante años en la tarea de asistencia telefónica, sabía muy poco de sus vidas y no me imaginaba que ellos también habían transitado situaciones difíciles en relación al suicidio.

 

Paralelamente, aprovechando mi experiencia en la administración y promoción de asociaciones civiles, armé un sitio web, un blog sobre temas relacionados con el suicidio, un foro y  cuentas en seis redes sociales. Desde esa plataforma web comencé a convocar a personas interesadas en formarse como coordinadores voluntarios que el 20 de septiembre de 2022 se reunieron por primera vez. Además, comenzamos los trámites de inscripción de la flamante asociación cuya constitución formalizamos legalmente el 26 de octubre. Ver acta constitutiva y estatuto. En el mes de noviembre de ese mismo año ya estábamos admitiendo a personas afectadas por el drama del suicidio que se acercaron a nosotros buscando ayuda.

  

Lo que resta es crecer: formar más coordinadores y crear nuevos grupos para que cada vez más personas afectadas por el drama del suicidio tengan la oportunidad que yo tuve de sanar sus heridas en un ambiente empático y contenedor. Hacia allí vamos!

 

Hablemos de Suicidio ONG
 

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